Un cuarto alumbrado por paredes desesperadamente blancas. Ahí ella se quedó sentada, con el vestido holgado que provocaba que se vislumbrara su espalda, con los senos debajo de seda y el antojo bien visible. Esa herida que nunca era, una vez amiga y ahora una maldición impresa en su piel. Los rumores de pasos fuera de la puerta la ponían nerviosa e intentó no arrepentirse de nada. Estaba sola. El tictac que truena siempre, que no era un reloj, que no parece tiempo.
***
Él notó el antojo por primera vez el día que Imogen dejó la puerta entreabierta y clavó la mirada en su hombro.
— ¿Tatuaje?—preguntó Adrián. —No puedo distinguir las líneas, ¿qué es?
Ella giró como si necesitara esconder la forma ante los ojos de su amante naciente.
—No, una marca de nacimiento—respondió suavemente.
La cama sin hacer llena todo el espacio, delinea los límites del cuarto. Se acercó a ella para tocarla, para besar la marca que le recordaba de una orgia de estrellas. Cada lunar tiene personalidad, el gordo, el que mira desde arriba, el que sale un pelo.
—Es como una bola de cristal, que dice lo que el espectador quiere observar, un reflejo de su deseo—Imogen le susurró al Adrián, mientras su aliento como humo se resbalaba hasta el dibujo en la espalda.
Adrián no quería adivinar, que sería imposible conectar cualquier palabra a estos túmulos andados, iluminados por la luz precaria de su cuarto.
***
Por fin hicieron el amor, y fue con un cariño que ella no esperaba de él, un tipo de ternura que resultó indeterminable. Ahí en el lecho del mar, ella le preguntó lo que vio en su antojo.
—Una constelación lejana, aún no descubierta.
Cuando la tocó, sus lunares de carne se quemaban, vivos. La piel es un terreno que permanece resistente y fértil. Su respuesta no fue suficiente.
Se me acabó el tiempo, ella pensó.
Y él, con su respuesta equivocada, un caballero perdido en el laberinto de sus propias huellas a través de la piel, cómplice sin saberlo.
***
Su cuerpo ocupa el espacio entero de ese cuarto, los miembros de su figura medusa pesados e inmóviles en el suelo. Las noticias son verdad. Las ventanas están cerradas. El antojo será extirpado.
Despacio, con cuidado, las paredes de la casa se le vienen encima.